Centro Psicoterapeutico Integral

TERAPIA DE PAREJA: ¿IMPORTA EL SEXO DEL TERAPEUTA?

La terapia de pareja es ese proceso psicológico en el que dos personas (generalmente) que se encuentran vinculadas sentimentalmente, participan para resolver, mejorar o simplemente tratar distintos temas que son de su interés, muchas veces relacionados con el tipo de comunicación que se tiene por dinámica en la relación. Siempre que decidimos acudir con un profesional para tratar temas que nos importan o nos agobian, debemos corroborar que esa o esas personas tengan las calificaciones necesarias para poder atender nuestras demandas, y viviendo en una ciudad tan grande como el Distrito Federal, no es difícil encontrar alguna persona que cubra nuestros requerimientos.

Sin lugar a dudas, hay muchos charlatanes o terapeutas que ni siquiera conocen la palabra Ética, pero insisto, encontrar profesionales que cumplan con los estándares de conocimiento, calidad y ética, es posible. Una vez que hemos encontrado a los candidatos para acudir a psicoterapia, surge una disyuntiva que impide tomar una decisión “así de fácil”, esta es: elegir un terapeuta o una terapeuta.

Desde hace varias décadas, este tema fue atendido por algunos psicólogos. Hubo quienes decidieron “emplear una pareja heterosexual en el trabajo terapéutico…Considerando que permite alcanzar un equilibrio “fisiológico” en la interacción” (Selvini, Boscolo, Cecchin, Prata, 2008), tanto en parejas como en las familias atendidas. Se creía que si la familia o la pareja era dominada por las reglas impuestas por una mujer y quien atendía la terapia era una psicoterapeuta, sus intervenciones tenderían a ser mucho más tomadas en cuenta que las de un hombre, por ejemplo. Podría pensarse, desde un lugar simplista, que el hecho de ser hombre o mujer nos uniforma mental y emocionalmente, por lo que de acuerdo con lo que necesitemos, es mejor buscar un o una terapeuta.

Esta situación pone de manifiesto en sí misma, creencias sobre los hombres y las mujeres, donde por el simple hecho de pertenecer biológicamente a uno u otro sexo, se comienzan a crear historias en torno a quién aceptará o rechazará una u otra situación, con quién me será más o menos difícil relacionarme o quién será capaz de entenderme; insisto, por el simple hecho de definirse como hombre o mujer.

En psicoterapia, esto de entrada sería un error. Es cierto que la co-construcción entre nosotros y los otros genera que tengamos ciertos significados de la realidad, de las cosas, de lo que hacemos y lo que no hacemos, de lo que consideramos importante y lo que ni siquiera escuchamos, pero para un psicoterapeuta, mantenerse estático en esta posición limitaría en muchos aspectos su colaboración con sus consultantes. Trabajar acompañados de una visión de género, donde más que dar temas por hecho preguntemos por ellos, indaguemos y reflexionemos sobre su existir, permitirá que siendo hombre o mujer, podamos atender las consultas con las que lleguen las parejas sin ceñirnos únicamente al sexo con el que hemos nacido y por el contrario, nos dejará identificar en qué momento nuestras ideas sobre la realidad e identidad sexual están jugando un papel preponderante en la psicoterapia.

No podemos impedir que los consultantes decidan por un hombre o una mujer al momento de acudir a terapia, pero sí podemos esforzarnos por mantener y trabajar bajo una visión de género donde nosotros seamos los primeros en sentar las bases de la equidad y la pluralidad.

Para terminar, quiero mencionar que pensar en la existencia de dos sexos como los únicos géneros que encontramos en nuestra sociedad, se queda corto para explicar las múltiples visiones existentes. Basta con que leamos o nos acerquemos, por lo menos, a la literatura que trata del tercer género y lo que éste implica, lo cual nos muestra una vez más que en términos de sexo, género y relaciones de pareja, no hay nada determinado.

Nuestro sexo influye pero no es decisivo, especialmente si mantenemos una postura autocrítica, enfocada a la multiplicidad de posibilidades y estilos de vida.

Psic. Claudia Torres

Maestría en Terapia Familiar

Terapeuta familiar y de pareja en CENPSI

Referencia:

Selvini, M., Boscolo, L., Cecchin, G., y Prata, G. (2008). Paradoja y Contraparadoja, Un nuevo modelo en la terapia de la familia de transacción esquizofrénica. Paidós: España, p. 21